
Una actitud natural hacia la lengua que hablamos es escribirla. Obviamente, hablamos de una actitud basada en la curiosidad y el deseo de progreso. Desde los primeros años de aprendizaje del idioma, en la etapa escolar, observamos que ambas cualidades del ser humano nos guían hacia el conocimiento y el goce. Desde mi punto de vista de literato, siempre enfatizo estos aspectos que, muchas veces en forma declarada, provocan actitudes de rechazo o, al menos, de distancia. En algún momento de nuestra aproximación a la escritura, nos vemos frente al compromiso de actuar con dedicación para seguir accediendo al saber y el juego verbal.
Algunos paradigmas del conocimiento en el siglo XX, principalmente en el ámbito de la Educación, contemplaban incursionar en el aprender haciendo. Definitivamente, aunque muchos postulados adicionales de estas perspectivas estén en debate, una de las formas que utilizamos los seres humanos, desde tiempos inmemoriales, es esta. Si aplicamos esta mirada a la escritura es inmediata la expresión solamente se aprende a escribir escribiendo. La temeridad de quien se aproxima a la escritura escribiendo es semejante a la del expedicionario que únicamente es capaz de transformar su aventura en éxitos cuando toma su mochila (colmada solo de lo necesario) y se echa a caminar.
Por ello, la primera orientación que presentamos a ustedes, lectores, es escribir con los dos motores de la innovación: creatividad e identidad. Lo primero (la creatividad) pasa por la evaluación personal de nuestros potenciales, es decir, por el reconocimiento de las herramientas que poseemos desde los conocimientos, la técnica, el tiempo y los recursos físicos. En tal sentido, un estudiante universitario deberá, por ejemplo, organizar su horario semanal para permitirse el tiempo necesario para los procesos de preescritura, escritura y posescritura. Por otro lado, el segundo aspecto (la identidad) se asocia a nuestra ubicación como sujetos sociales dentro en un ámbito académico, administrativo u otro. De esta forma, un funcionario público se ubicará en el ámbito de la institución en la cual labora, para ser consciente de la misión y la visión, así como de los proyectos que existen.
En resumen, comenzar a escribir es un acto que requiere pasión e ímpetu, casi una gesta romántica en un contexto mundial en el cual prima la información frente a la comunicación. Está en nuestras manos reordenar el cosmos de significados y sentidos para conducirnos mejor por el camino de la formación profesional, el trabajo y la interacción social.
ACTIVIDADES SUGERIDAS: Mantener a nuestro acceso un cuaderno de apuntes, ubicar una pizarra en los lugares más frecuentados de nuestra casa.
El Escribidor
Algunos paradigmas del conocimiento en el siglo XX, principalmente en el ámbito de la Educación, contemplaban incursionar en el aprender haciendo. Definitivamente, aunque muchos postulados adicionales de estas perspectivas estén en debate, una de las formas que utilizamos los seres humanos, desde tiempos inmemoriales, es esta. Si aplicamos esta mirada a la escritura es inmediata la expresión solamente se aprende a escribir escribiendo. La temeridad de quien se aproxima a la escritura escribiendo es semejante a la del expedicionario que únicamente es capaz de transformar su aventura en éxitos cuando toma su mochila (colmada solo de lo necesario) y se echa a caminar.
Por ello, la primera orientación que presentamos a ustedes, lectores, es escribir con los dos motores de la innovación: creatividad e identidad. Lo primero (la creatividad) pasa por la evaluación personal de nuestros potenciales, es decir, por el reconocimiento de las herramientas que poseemos desde los conocimientos, la técnica, el tiempo y los recursos físicos. En tal sentido, un estudiante universitario deberá, por ejemplo, organizar su horario semanal para permitirse el tiempo necesario para los procesos de preescritura, escritura y posescritura. Por otro lado, el segundo aspecto (la identidad) se asocia a nuestra ubicación como sujetos sociales dentro en un ámbito académico, administrativo u otro. De esta forma, un funcionario público se ubicará en el ámbito de la institución en la cual labora, para ser consciente de la misión y la visión, así como de los proyectos que existen.
En resumen, comenzar a escribir es un acto que requiere pasión e ímpetu, casi una gesta romántica en un contexto mundial en el cual prima la información frente a la comunicación. Está en nuestras manos reordenar el cosmos de significados y sentidos para conducirnos mejor por el camino de la formación profesional, el trabajo y la interacción social.
ACTIVIDADES SUGERIDAS: Mantener a nuestro acceso un cuaderno de apuntes, ubicar una pizarra en los lugares más frecuentados de nuestra casa.
El Escribidor
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